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Misericordias Domini

Aprendiendo del Calendario Litúrgico y de la misericordia de Dios

Introducción al Calendario Litúrgico:

¿Qué es el Año Litúrgico? También es conocido como Ciclo Litúrgico, año cristiano o año del Señor, este nombre recibe la organización de los diversos tiempos y solemnidades durante el año en las Iglesias Cristianas, como forma de celebrar la historia de la Salvación. Todo enmarcado en el año litúrgico, se celebran distintos tiempos litúrgicos con los cuales se relacionan los pasajes de las Sagradas Escrituras que se proclaman en los actos de culto, las diferentes oraciones que se elevan y los himnos y alabanzas que se cantan. Si bien las fechas de las celebraciones varían un poco entre las diferentes Iglesias Cristianas, la secuencia y lógica utilizada para su planificación son en esencia las mismas. Las fechas de muchas celebraciones varían de año en año, por lo general en línea con la modificación de la fecha de la Pascua (con la celebración de la resurrección de Jesús, que es considerada la celebración central de la cristiandad) a la cual se asocia buena parte de las celebraciones móviles, esto por la adaptación del Calendario Judío a nuestro calendario. En el concilio de Nicea I (325), todas las Iglesias acordaron la celebración de la Pascua cristiana el domingo siguiente al plenilunio (14 de Nisán) después del equinoccio de la primavera, en el hemisferio norte.  Nosotros los del sur, nos adaptamos a ello.

Misericordias Domini:

«Misericordias Domini» viene de la traducción al latín «Misericordia del Señor» El uso de en latín es muy propio en el ámbito eclesiástico y en la revelación especial de Dios podemos encontrar claras manifestaciones de este concepto en todo su relato, quisiera invitarlos a ver uno de tantos en el libro de Deuteronomio 11: 11-12 «Sino que la tierra a la cual entráis para poseerla, tierra de montes y valles, bebe el agua de las lluvias del cielo. Es una tierra que el Señor tu Dios cuida; los ojos del Señor tu Dios están siempre sobre ella, desde el principio hasta el fin del año»

La tierra de Gosén, estaba ubicada en el delta del Nilo, lugar donde se asentaron los hijos de Israel y en donde vivieron privados de liberad, sometidos a los egipcios. Esta tierra dependía de los riegos terrestres dados por los números canales de regadío que salían del río, por lo que los hebreos recibían su sustento cotidiano, acostumbrándose a ver esto como usual. Sin embargo, para que éste pueblo fuera medio de llegada de la salvación mundial, debían ser ellos quienes palparan y entendieran primeramente que era la misericordia del Señor («los ojos del Señor están siempre sobre ella, desde el principio hasta el fin del año»). La geografía de la tierra prometida  y su mantenimiento dependían de fenómenos climáticos que ellos tendrían que aprender a esperar, la lluvia no era como el río Nilo, no era algo que estaba ahí y que parecía natural, la lluvia era un evento que combinaba factores climáticos del día a día, la lluvia claramente era un hecho que venía de la misericordia del creador, y el pan del día a día dependería de esa misericordia, al entrar en la tierra nueva para poseerla, ellos estaban destinados a entender y a vivir de esta misericordia.

Siglos después, encontramos que valió la pena este proceso, tenemos acceso a esta misma misericordia, el salvador nos recuerda  cómo debemos pedir «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy», como aquellos, entramos a poseer grandes promesas  que nos llevan por caminos de altos y bajos, de terrenos escarpados, con una geografía incierta, a veces se presenta la escases otras  fluye leche y miel pero ambas requieren de nuestro compromiso y perseverancia, como muestra de fe, sin embargo, podemos incurrir  en sentir o pensar que esto es parte de la cotidianeidad de la vida, y caer en la monotonía  y olvidar por completo cual es la fuente que  emana  nuestro sustento «El  que da sustento a toda carne, porque para siempre es su misericordia». Salmo. 136:25. 

Ya sea en el plano físico, o en los páramos del espíritu,  el amor inagotable durara para siempre,    «Pero Dios, cuya misericordia es abundante, por el gran amor con que nos amó, nos dio vida junto con Cristo, aun cuando estábamos muertos en nuestros pecados (la gracia de Dios los ha salvado)» Efesios 2: 4-5.

Cuatrocientos años de esclavitud, y un río no fueron suficientes para limitar el plan divino; por en medio de muros de treinta metros de aguas congeladas, abrió camino en medio del mar rojo, a un pueblo para ser testigos de su misericordia, por medio del agua que caía de cielo en la tierra que Él les prometió.

Más de 3500 años después esa misma magna obra se sigue repitiendo en escenarios distintos de la historia, para que usted y yo, y los que han de venir, seamos testigos también de esa «MISERICORDIA DOMINI».

«El Señor te dará lluvia para la semilla que siembres en la tierra, y la tierra producirá trigo abundante y fértil. En ese día tu ganado tendrá lugar en abundancia para pastar» Isaías 30:23



Hna Yeny Carolina Candia San Juan y Hno Leandro Shara

Estudiantes del Seminario Metodista Pentecostal


 
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