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El fin Justifica los Medios

EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

Basado en un hecho real.

“El fin justifica los medios” Esta famosa frase, atribuible al escritor y filósofo italiano del siglo XV Nicolás Maquiavelo, significa en palabras simples, que no importan los medios o canales que se usen, sean éstos válidos o no, para alcanzar un objetivo que alguno se haya trazado y que a toda costa se debe lograr. Con el tiempo, esta expresión tomó la idea de que se debe hacer todo lo posible, aunque eso signifique desechar la verdad e integridad, para alcanzar el fin deseado.

 

  Pues bien la historia de hoy, está basada en un hecho bíblico registrado en el libro de Génesis 27, centrándose especialmente en los versículos 5 al 23, y que nos muestra el deseo de una madre, Rebeca, de que su hijo predilecto, Jacob, reciba una bendición que está reservada al hijo mayor, Esaú, por parte del padre Isaac. Estamos ante una familia con sus luchas, anhelos y también expectativas propias para enfrentar el mañana.

En el capítulo aludido, está en juego la bendición de la primogenitura, reservada para el hijo mayor, quien debía continuar con la responsabilidad espiritual de la familia y además recibir una doble participación en la herencia. Tal bendición, Rebeca la deseaba para su hijo preferido. Jacob, y acudió a una estrategia deshonrosa, mentirosa y fuera de toda consideración hacia su amado y anciano esposo. Hizo que Jacob engañara a su padre, haciéndose pasar por su hermano mayor Esaú, y consiguiendo el tan esperado objetivo, a costa del engaño, la mentira y de un desastre familiar que tendría consecuencias nefastas por el resto de sus vidas.

 

  Ninguno de nosotros duda a la luz de lo que hemos aprendido de las Escrituras, que el hijo menor sería el portador de la bendición de la primogenitura, en este caso Jacob, ya que así había sido determinado por Dios (ver Génesis 25:23) Y podemos en algún momento pensar que lo hecho por Rebeca y en complicidad con su hijo Jacob, estuvo bien porque era lo que Dios quería, además de que a Esaú no le interesó esa bendición.  Pero antes de proseguir, veamos algunas de las consecuencias de este ardid familiar:

  • Un estremecimiento o pavor inmenso y una gran decepción en Isaac (Génesis 27:33)
  • Un odio profundo de Esaú por su hermano Jacob, a tal punto de querer matarlo (Gén. 27:41)
  • La huida de Jacob, dejando su hogar (Gén. 27:43)
  • Una madre que pierde a su hijo tan amado y que no volvió nunca más a ver.
  • Un Jacob que tendrá que cosechar lo que sembró, siendo engañado en varias ocasiones por su suegro y en el futuro por sus propios hijos, quienes le mentirán acerca de su amado hijo José (Gén. 29:25; 31:7; 37:31-32)

 

Dado lo anteriormente señalado, vemos que ninguna acción reñida con la verdad y por muy buena intención que tenga, se mantendrá en pie y que tarde o temprano caerá por su propio peso, dejando una estela de dolor, frustración y una conciencia manchada por el pecado. A veces creemos que no importa el medio que usemos para alcanzar un objetivo, ya sea en el trabajo, familia e incluso en la iglesia o en las “cosas del Señor” como decimos. Se nos olvida que Dios lo ve todo, lo examina todo y saca a la luz aquello indebido, réprobo y ausente de una integridad y ética cristiana y bíblica.

 

 Es verdad, la falta de escrúpulos, integridad y verdad es pan de cada día en el mundo y una sociedad sin los altos parámetros bíblicos. No se puede pedir mucho a un mundo que está en tinieblas y que el dios de este siglo, Satanás, cegó su entendimiento (2° Corintios 4:4), para que no puedan diferenciar entre lo santo y profano, entre lo bueno y lo malo, entre lo que agrada a Dios y no le agrada.

  Pero a nosotros, que somos el pueblo de Dios y que hemo sido rescatados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo y su Evangelio, sí nos debe importar cómo estamos procediendo ante un fin deseado, y si la brújula de su Palabra es nuestra guía.

  El apóstol Pablo les señala a sus hnos en Corinto cómo él y sus colaboradores se han conducido entre ellos, con una conciencia que les da testimonio de su sinceridad, sencillez y un caminar pleno en la gracia de Cristo (2°Corintios 1:12)

¿En cuántas ocasiones se cae en prácticas engañosas como mentir una información para obtener un beneficio estatal, o adulterar datos para que sean más convincentes y recibir así un beneficio económico o de alguna ayuda?

La lista de acciones réprobas y de una falta evidente de verdad e integridad puede seguir.

 

La Escritura afirma una verdad irrefutable y que es por así decirlo, una ley: todo lo que el hombre siembre, eso cosechará, pues Dios no puede ser burlado (Gálatas 6:7) Y añade que si nuestra siembre es para satisfacer los deseos de la carne, la cosecha inevitablemente será corrupta y perdida. Pero también nos anima a que nuestra siembra en la vida sea conforme al Espíritu, es decir, en concordancia con el Dios Santo, Justo y Verdadero. Si es así, los resultados serán de bendición y conforme a la preciosa voluntad de Dios.

Puede que tengas una promesa de bendición para tu vida y esperas eso con fe. Pero deja que el Señor sea el que mueva los hilos de tu vida y que los medios que tú uses sean según los establecidos por su Palabra.

El día de mañana podrás decir con una conciencia limpia, tranquila y ante Dios y los hombres, que lo que eres, es por la gracia, favor y misericordia de Dios.

La elección es tuya y mía…

 

En la paz de Cristo,

Pr. Mauricio Rocha Muñoz

Profesor Seminario Metodista Pentecostal

Recuerde que estamos en proceso de Admisión 2026


 

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